Setenta y cinco peruanos y peruanas, entre intelectuales, actores, actrices, bailarinas, músicos, cantantes, pintores/as, fotógrafos/as, sociólogos/as, abogados/as, médicos/as, escultores/as, psicoanalistas, diseñadores/as de modas, personas de la televisión, maestros/as, reporteros/as, analistas políticos, etc., todos exitosos en sus distintas disciplinas, fueron consultados para hablar sobre el aborto. La mayoría se manifestó a favor y aunque su abordaje, como varios lo han señalado, no siempre resulte sencillo, todos coincidieron en la necesidad de conversar sobre el tema y en que si hubiera un debate público al respecto sería imperativo que las voces de las mujeres fueran escuchadas.
Esto no niega, tal como lo proponen varios de los y las entrevistadas, la ineludible participación de los hombres dado el rol que tienen, ya sea como partícipes del embarazo, como responsables de que este sea indeseado o como acompañantes solidarios que también procesan sus propias pérdidas, pues el embarazo y el aborto, eventos que se producen en el cuerpo de las mujeres, nos tocan a todos, especialmente cuando se puede evitar que se conviertan en una fuente de sufrimiento, marginación y estigma.
Hay una serie de evidencias que demuestran que el aborto en el Perú es una experiencia muy extendida en la vida de las mujeres. Según algunos estimados, cada año en el país ocurriría un promedio de 370 mil abortos (Ferrando, 2006), y hay suficientes razones para creer en estas cifras; entre otras: el desabastecimiento cíclico de métodos anticonceptivos en los servicios públicos; las restricciones que padecen las personas menores de 18 años con vida sexual activa, debido a que la ley penaliza las relaciones sexuales en y con personas menores de 18 años; la escasa información con la que las personas inician su vida sexual; el uso inadecuado de métodos anticonceptivos; los prejuicios que impiden a la mujer proponer sexo seguro; el sexo no planeado; el sexo impuesto; la falla del método anticonceptivo que se ha elegido; las escasas opciones anticonceptivas…
Y aunque la mayoría de mujeres, hasta por una falsa alarma, ha experimentado esta situación, no todas la viven de la misma manera. Mientras algunas cuentan con servicios confiables que no pondrán en riesgo su salud y tienen el soporte necesario, incluso para llevar adelante un embarazo no deseado, no todas tienen las mismas posibilidades. Hay aún muchísimas mujeres que vivirán este problema en la más absoluta soledad, carentes de apoyo y con alternativas altamente riesgosas o estigmatizantes que mermarán su salud, limitarán su calidad de vida, las colocarán en el nivel de delincuentes aun cuando tengan derecho a un aborto no punible y, lo que es peor, las dejarán probablemente en tales condiciones de vulnerabilidad que correrán nuevamente el riesgo de un embarazo no deseado que las llevará otra vez a tener un aborto inseguro.
El contenido de esta publicación no pretende decir lo que hay que hacer, sino entender –desde distintas perspectivas– qué implica el aborto en el contexto cotidiano. Y eso nos lo ha permitido la generosidad de los y las entrevistadas, cuya reflexión permitirá dar cuenta a los y las lectoras que sobre el aborto puede haber variedad de aproximaciones y que el pensamiento único está muy lejos de la realidad. Concluimos entonces que para nadie el aborto es absolutamente ajeno y que respecto a él todos tienen algo que decir.
Abrir el debate es el mensaje común, quitarse las máscaras de la doble moral una urgencia imprescindible, y humanizar la política un paso necesario para que la democracia se convierta efectivamente en un principio con contenido, que permita a hombres y mujeres gozar de los mismos derechos.
La mayor parte de nuestros entrevistados también ha coincidido en que el feto tiene un valor moral, pero que no es posible soslayar el derecho de las mujeres a preservar su salud, su seguridad y sus proyectos de vida; y que detrás de la decisión de interrumpir el embarazo también hay competencias éticas y morales cuya valoración es importante. Este libro convoca a esta reflexión y es solo un pequeño aporte a la lucha por la igualdad de las mujeres y a la construcción de un país más justo. No podemos concebir ningún avance sin el más elemental derecho de prevenir un embarazo no deseado y luego una maternidad impuesta, sobre todo cuando esta imposición implica riesgo para la salud y la vida de las mujeres, cuando el embarazo es producto de una violación o cuando se sabe que el feto no tendrá posibilidades de vida después del nacimiento.
La buena noticia es que la sociedad está cambiando. Quién puede dudar de que las palabras ya no asustan como hace algunos años y que cada vez somos más los dueños de nuestros propios actos y reflexiones. Tal vez los cambios en la clase política no van del todo acordes con esta situación, pero es algo que seguramente se irá logrando conforme más peruanos y peruanas decidan hablar del tema. Es por este motivo que agradecemos a todos los que han intervenido en este proyecto, por su tiempo y por la generosidad de compartir sus reflexiones. Agradecemos sobre todo a Teresina Muñoz-Nájar por el trabajo que ha realizado, pues sin su compromiso y –como ella bien dice– su apuesta por esta causa: que el aborto no sea más una amenaza para las mujeres, nos ha permitido juntar todas estas voces y hacernos pensar que sí es posible soñar en un Perú distinto, libre de inequidades e injusticias, y libre de las odiosas brechas. Un país en donde niñas y niños tengan la oportunidad de crecer y ser cuidados amorosamente por sus familias.
Susana Chávez
Directora de PROMSEX







